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Dos mitades extraviadas se buscan desesperadamente.
Buscan a los lados, hacia arriba, hacia abajo, adelante y atrás;
No se encuentran.
Se dispersan, se confunden se dejan llevar por lo cotidiano.
Agotadas dejan de buscar.  Se ven a sí mismas, entienden que son solas.
Sueltan. Una paz interior las completa.

Entonces sucede: dos enteros e encuentran.

La puerta se abre y como nuevo ser los elijo para dar forma a mi cuerpo.
La energía se manifiesta, la atracción es irresistible, la pasión concibe.
Los ingredientes se mezclan; una célula de papá, una de mamá y listo.

Ya soy materia, desarrollándose,
éste óvalo que me recibe, me protege; crece sin pausa.
Es inmenso como un océano.
Se siente agradable flotar en esta calidez, tan amplia y abundante. Debo esperar.
Estoy sumergida en un ámbito oscuro, misterioso, no imagino sus límites.
Soy consciente de cómo crece mi cuerpo. Un cordón me mantiene unido a mi madre,
me alimenta constantemente, me acerca a las fronteras de este mundo,
tan tranquilo, tan mío.

Su latido marca mi ritmo, este útero se contrae, ya no quepo en él.
No hay más misterios, no hay donde esconderse.
Percibo luces, voces. Me  pregunto:
¿Será que se acerca mi momento? ¿Cómo será estar afuera?

Las lágrimas me ayudarán entonces.
Harán que recuerde esta paz, esta sensación de unidad.
Sólo quedará rendirme ante su paso y soltar.
Liberar el peso de la humanidad, dando lugar a que mis alas se desplieguen para emprender un nuevo vuelo.

Y reaparecerán cuando un acto de amor me haga emocionar,
estas dulces cómplices se escurrirán sin permiso de mis ojos,
frente a una bella mirada, una suave melodía, una caricia, una luz…

…una madre dando a luz, que fue elegida, que eligió transitar su vida en esta Tierra,
quién escuchó ésta música, quien bailó ésta danza,sintió esa caricia, vió en esos ojos…

esa luz…  y supo que era su hora…
como hago yo,
como hiciste vos.
Como hacemos cada vez que tocamos fondo
….renacemos…
Salgo del todo…entro en mi cuerpo.

 

 

 
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